Caminaba sola por la calle vacía, estaba atardeciendo(uno de esos atardeceres de mentira de la ciudad que tan poco me gustan). Me sentía bien, iba mirando de un lado a otro distraida, con una media sonrisa en los labios, pensando en lo hermosas que resbalarían las gotas de la lluvia por aquellos balcones...


-¡¡WREEEEEEIIIGGGHHH!!


Se me rompieron los pensamientos poéticos de golpe. Solté una carcajada. ¿Por qué me sorprendía? Era su típico grito vikingo.
Apresuré el paso y llegué a la pequeña placita con una sonrisa deslumbrante. Allí estaban los de siempre: El joven barbudo inseparable de su litrona, la chica con la cara llena de piercings y mechas entre rojas y rosas en el pelo... Todos de negro, estudiantes de arte, química, o quizás nada... Todos raros, todos iguales.
Yo distinguía especialmente a dos, a la Dama de Negro y al Vikingo. Mientras me sentaba con ella, me interrogaba sobre mis ausencias, charlábamos y reíamos, yo sonreía.


Se puede.
La comida no sabe a nada, las frases que más pasan por tu cabeza son parecidas "¿Para qué?" o "¿Qué más da?", los días pasan y no los notas, no hay blanco y negro sino que todo tiene el mismo tono gris, las películas no te hacen llorar y pocas bromas reír, estás siempre en las nubes, te olvidas hasta de tí mismo, te da la sensación de que a tu corazón se le han acabado las pilas... Y nada de esto te importa. A eso lo llamo yo morir metafóricamente.
No es algo bonito, pero tú preguntaste. xD


Hace unos tres años que la conocí. Era rubia, con el pelo larguísimo, liso, con un corte recto. Llevaba gafas de montura negra y, tras los cristales, centelleaban sus ojos verdes.
Me encantó desde el primer momento en el que la ví. Su apariencia era atractiva, misteriosa y singular, pero presencié un apoteosis en mi vida cuando entablamos conversación.
Al principio me expuso las murallar de su corazón con todos sus centinelas armados. Yo los ignoré y le mostré admiración sin que rozara la estupidez.
Recuerdo los días en los que podía captar(no sin que me arrancara una sonrisa) su presencia al ver por el rabillo del ojo como su melena rubia se desplazaba, como flotando en su espalda, brillando como un segundo sol. Desde el primer segundo supe que era una persona especial.
Poco a poco, me fue dejando que me acercara, fue hablandome con menos brusquedad. Hasta que llegó el día en el que quedó conmigo por primera vez. ¡Qué feliz me hizo!
Sus palabras eran una maravilla, parecía que formara una sinfonía a cada frase, sinfonía que yo convertía en verdad absoluta dentro de mi cabeza.
El tiempo hizo que entrelazaramos aun más estrechamente nuestras vidas, ella fue mi confidente y yo la suya. Ella recogió cada lágrima que derramé por amor y yo cada una de las que ella derramó por la vida. Ella era todo lo que yo necesitaba en ese momento de mi vida.
Hoy ya han desaparecido el reflejo del sol en su pelo rubio y ojos verdes. Por no quedar, no queda ni una foto en condiciones...

Lectores/as

Oscar Wilde

"Conciencia y cobardía son la misma cosa, solo que conciencia es el nombre comercial."

"Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho."

"El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda, y que nos acompaña hasta la muerte es el amor propio."

"Puedo resistir todo, excepto la tentación."

Epicuro

" ¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios? "

"El cuerpo, en lances de amor, es parte indispensable del alma."

"Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla."

House


"He aquí un axioma sobre la condición humana, todo el mundo miente. La única variable es sobre qué".